viernes, 18 de octubre de 2013

CRÓNICA

Una travesía por la música
Por: Maria Camila Patiño Muñetón, Melissa López Saldarriaga y Maria Alejandra Pérez Franco.


Recorrer Suramérica, conocer su país, enfrentarse a la vida y luchar por un ideal opuesto al resto de la sociedad, es el tesoro que Mao Alexander Betancur, fredonita de 36 años relata como la mejor experiencia que jamás le hubiese podido ocurrir. 
Antes de empezar a laborar, Choza Marco Fidel Suarez, Municipio de Bello

Una visita a la ciudad de Dios, Villa de Leyva, fue el encuentro inesperado con la odisea de este Homero al que la música lo inspiro a través de una flauta traversa manipulada por una mujer que, desde entonces, lo unió al sonido y la lirica para siempre.  Años después la búsqueda de un Charango fue la excusa perfecta para iniciar un viaje que, sin pensarlo, lo sumergió en experiencias que jamás ni su arte, ni su persona, olvidará.

Como destino Ecuador  y acompañante el guitarrista y amigo de su banda llamada Kumtumarka (Tierra de Condores), Mao se encontraba en Pereira buscando la manera de suplir la falta de los instrumentos que había perdido para seguir con su viaje; después de alrededor de dos meses y medio, su estadía en Armenia terminó satisfactoriamente para encaminarse otros dos meses hasta llegar a la tierra que desde el inicio se había trazado y la cual siete meses después abandono a causa de convertirse en un ilegal.
En el tradicional Perú conoció casi todos los lugares turísticos: Lima, Cayao, Machu Picchu, Cusko, entre otros; pero es este país, al igual que su Colombia natal, el que le abrió las puertas por más de dos meses a muchísimos pueblos que como él lo describe “son ignorados por sus propios habitantes e invisibles para el turismo”. Visitó Copacabana, Bolivia, en dónde su mágica Isla del Sol lo sumergió en el espectacular solsticio del 21 de Diciembre del 2012, día en que se acabaría el mundo, decían. 

Después de sobrevivir a tal fecha tan temida por tantos supersticiosos, paso solamente 6 días en el vecino Chile, puesto que un músico como él no tiene la capacidad económica de tener solamente quinientos dólares en su Bolsa de Viaje (requerimiento obligatorio chileno para su estadía); así que sus pues pisaron tierra argentina donde conoció la helada Patagonia y atravesó las majestuosas Cataratas de Iguazú para visitar en orden Paraguay y Uruguay y casi tocar Brasil, casi puesto que otros quinientos reales era la condición para estar en su propia tierra americana.

Así que el desierto peruano fue testigo de su ascenso hasta el frío Ecuador dónde 15 días fue el tiempo máximo para abandonar sus territorios y volver, repleto de enseñanzas, a su país que sin dinero en los bolsillos y repleto de instrumentos su esposa con los brazos abiertos  le presentó, sin lugar a duda una de las que será su persona favorita por siempre, a su hijo INTI (Rey del Sol, en el idioma Queshua).


“Por medio del teatro conocí la música, y la música definitivamente… me absorbió”. Mao Alexander

A su llegada a Antioquia de nuevo y junto con su familia, arrienda una casa por cuatrocientos mil pesos en el municipio de Girardota, que recoge  responsablemente cada mes recorriendo el Valle de Aburra y todos sus municipios desde Envigado a Bello, y el resto de Antioquia recorriendo todos sus pueblos desde Copacabana hasta Santa Fe de Antioquia, fijándose metas diarias entre treinta y treinta y cinco mil pesos para vivir dignamente como un trabajador asalariado, como una persona común y corriente.

Cuando trabaja en conjunto con su banda cobran generalmente, una tarifa de trescientos cincuenta mil pesos que es repartido entre los seis integrantes, los cuales están acostumbrados a tocar son cubano, jazz, folclor colombiano, cumbia, bailable y tropical aunque su verdadero gusto sea por el folclor andino latinoamericano; ellos, al igual que muchos de los músicos independientes colombianos sueñan con que sus oportunidades aumenten. “Queremos conformar una pequeña empresa musical, no para vender artistas sino compartir el talento, los saberes y conocimientos”,  afirma Mao Alexander.

A pesar de iniciar su carrera aprendiendo percusión y dominar el tambor, las llamadoras, las tumbadoras, los timbales y algo de batería; después estudiar vientos como la flauta dulce, el clarinete, la flauta traversa, la zampoña, el rondador, el capador, la flauta de millo y la gaita e instrumentos de cuerda como la guitarra, nuestro caminante y músico asegura que su travesía no ha terminado puesto aún le falta dominar otros instrumentos y mejorar su técnica vocal con la meta fijada para el 2014, conocer el grandísimo México.
“Mi ideal es crear una pequeña empresa musical, pero no para vender artistas, sino compartir el talento, los saberes y conocimientos con las demás personas”. Mao Alexander.

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