Una
travesía por la música
Por:
Maria Camila Patiño Muñetón, Melissa López Saldarriaga y Maria Alejandra Pérez
Franco.
Recorrer Suramérica, conocer su país, enfrentarse a la vida y
luchar por un ideal opuesto al resto de la sociedad, es el tesoro que Mao
Alexander Betancur, fredonita de 36 años relata como la mejor experiencia que
jamás le hubiese podido ocurrir.
Antes de empezar a
laborar, Choza Marco Fidel Suarez, Municipio de Bello
Una visita a la ciudad de Dios, Villa de Leyva, fue el encuentro
inesperado con la odisea de este Homero al que la música lo inspiro a través de
una flauta traversa manipulada por una mujer que, desde entonces, lo unió al
sonido y la lirica para siempre. Años después la búsqueda de un Charango
fue la excusa perfecta para iniciar un viaje que, sin pensarlo, lo sumergió en
experiencias que jamás ni su arte, ni su persona, olvidará.
Como destino Ecuador y acompañante el guitarrista y amigo de su
banda llamada Kumtumarka (Tierra de Condores), Mao se encontraba en Pereira
buscando la manera de suplir la falta de los instrumentos que había perdido
para seguir con su viaje; después de alrededor de dos meses y medio, su estadía
en Armenia terminó satisfactoriamente para encaminarse otros dos meses hasta
llegar a la tierra que desde el inicio se había trazado y la cual siete meses
después abandono a causa de convertirse en un ilegal.
En el tradicional Perú conoció casi todos los lugares turísticos:
Lima, Cayao, Machu Picchu, Cusko, entre otros; pero es este país, al igual que
su Colombia natal, el que le abrió las puertas por más de dos meses a
muchísimos pueblos que como él lo describe “son ignorados por sus propios
habitantes e invisibles para el turismo”. Visitó Copacabana, Bolivia, en dónde
su mágica
Isla del Sol lo sumergió en el espectacular solsticio del 21 de Diciembre del
2012, día en que se acabaría el mundo, decían.
Después de sobrevivir a tal fecha tan temida por tantos
supersticiosos, paso solamente 6 días en el vecino Chile, puesto que un músico
como él no tiene la capacidad económica de tener solamente quinientos dólares
en su Bolsa de Viaje (requerimiento obligatorio chileno para su estadía); así
que sus pues pisaron tierra argentina donde conoció la helada Patagonia y
atravesó las majestuosas Cataratas de Iguazú para visitar en orden Paraguay y
Uruguay y casi tocar Brasil, casi puesto que otros quinientos reales era la
condición para estar en su propia tierra americana.
Así que el desierto peruano fue testigo de su ascenso hasta el frío
Ecuador dónde 15 días fue el tiempo máximo para abandonar sus territorios y
volver, repleto de enseñanzas, a su país que sin dinero en los bolsillos y
repleto de instrumentos su esposa con los brazos abiertos le presentó,
sin lugar a duda una de las que será su persona favorita por siempre, a su hijo
INTI (Rey del Sol, en el idioma Queshua).
“Por medio del teatro conocí la música, y la música definitivamente…
me absorbió”. Mao Alexander
A su llegada a Antioquia de nuevo y junto con su familia, arrienda una
casa por cuatrocientos mil pesos en el municipio de Girardota, que recoge
responsablemente cada mes recorriendo el Valle de Aburra y todos sus municipios
desde Envigado a Bello, y el resto de Antioquia recorriendo todos sus pueblos
desde Copacabana hasta Santa Fe de Antioquia, fijándose metas diarias entre
treinta y treinta y cinco mil pesos para vivir dignamente como un trabajador
asalariado, como una persona común y corriente.
Cuando trabaja en conjunto con su banda cobran generalmente, una
tarifa de trescientos cincuenta mil pesos que es repartido entre los seis
integrantes, los cuales están acostumbrados a tocar son cubano, jazz, folclor colombiano,
cumbia, bailable y tropical aunque su verdadero gusto sea por el folclor andino
latinoamericano; ellos, al igual que muchos de los músicos independientes
colombianos sueñan con que sus oportunidades aumenten. “Queremos conformar una
pequeña empresa musical, no para vender artistas sino compartir el talento, los
saberes y conocimientos”, afirma Mao Alexander.
A pesar de iniciar su carrera aprendiendo percusión y dominar el
tambor, las llamadoras, las tumbadoras, los timbales y algo de batería; después
estudiar vientos como la flauta dulce, el clarinete, la flauta traversa, la
zampoña, el rondador, el capador, la flauta de millo y la gaita e instrumentos
de cuerda como la guitarra, nuestro caminante y músico asegura que su travesía
no ha terminado puesto aún le falta dominar otros instrumentos y mejorar su
técnica vocal con la meta fijada para el 2014, conocer el grandísimo México.
“Mi ideal es crear una pequeña empresa musical, pero no para
vender artistas, sino compartir el talento, los saberes y conocimientos con las
demás personas”. Mao Alexander.



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